ARMENIA Y EL SÍNDROME DEL TITANIC
por Garabed Arakelián
A Armenia le aquejan graves dolencias. Está débil y debilitada. Se podría decir en términos médicos que está en terapia intermedia. Si evoluciona favorablemente la próxima etapa será de convalecencia. Si no es así, irá a terapia intensiva.
Como es sabido cuando se trata de pacientes, a partir de ese nivel los facultativos anticipan y prevén que la posibilidad de defunción es algo que debe entrar en las consideraciones de futuro.
Pensar y argumentar que eso sucede con las personas pero no con los pueblos, los países o los estados, es ignorar la historia y cerrar los ojos ante el presente. Es olvidar la propia historia del pueblo armenio es no ver lo que sucedió hace apenas pocos años en Europa con pueblos y estados..
Si se sucumbe a los conceptos edulcorados, propios de ciertos libros de autoayuda, que aconsejan ser siempre optimista, pensar en positivo, confiar en que “Dios proveerá”, olvidando que el mismo ser supremo aconseja: “ hijo, si esperas algo de mí, tu también haz algo por ti”, ahí entonces comienza el síndrome del Titanic. ¿Y cuál es ese síndrome? : es estar convencidos de que no se hundirán (desaparecerán) jamás. Mientras arriba, la orquesta toca vivaces valses vieneses, abajo, en las bodegas y en la “tercera clase”, el agua comienza a subir arrastrando seres y bienes. Pero la inopia de los niveles superiores, no lo advierte, mira a los bailarines que se deslizan al ritmo del vals, presta atención a la cadencia de la música y no oye ni el rugido del agua que sube ni los gritos de quienes se ahogan. Ese es, sencilla y brutalmente, el síndrome del Titanic. Leer más…